jueves, 16 de junio de 2016

Napoleón III y el Canal por Nicaragua Por Dr. Hildebrando A. Castellón







 Napoleón III

 Dr. Hildebrando A. Castellón 
leyendo una ponencia sobre 
la gesta de RAfaela Herrera y la invasión de 
Horacio Nelson a Nicaragua en el Ateneo de 
México, en 1936, cuando era ministro de nicaragua 
ante el gobierno de ese país

Napoleón III y el Canal por Nicaragua
Por Dr. Hildebrando A. Castellón

Cuando los conquistadores españoles, luego de recorrer todas las costas de América se convencieron de que no había pasaje natural que pusiese en comunicación las aguas del Atlántico con las del Pacífico, se dieron a la búsqueda de un istmo o estrecho garganta de tierra que facilitara las comunicaciones entre ambos océanos. Los que invadieron a México señalaron el istmo de Tehuantepec; otros, indicaron el paso por Nicaragua, y más al sur, el de Panamá y la vía del Atrato.

Pero de modo fundamental y con abono de su gran prestigio científico, el Barón Alejandro de Humboldt estudió y clasificó los lugares naturales del continente americano para establecer la comunicación intemarítima que de modo urgente reclamaba el comercio y la cultura mundiales, desde principios del siglo XIX.  La vía de Nicaragua para hacer un canal que permitiera el paso de un océano al otro, fue codiciada por los ingleses durante varios Siglos y lucharon tenazmente a fin de apoderarse del río San Juan, del Gran Lago de Nicaragua y de las tierras adyacentes.

Los españoles, que también comprendieron la importancia de la empresa, concibieron la posibilidad de efectuarles y en 1781, comisionaron al Ingeniero don Manuel de Galisteo para hacer un estudio y emitir un dictamen, pero el Ingeniero español que hizo algunos trabajos en el lago de Nicaragua y en el río San Juan, declaró la obra impracticable, fundándose en el desnivel del lago sobre el Atlántico.

Después de la Independencia de Centro América, creció el interés mundial, sobre todo en los Estados Unidos y volvió al tapete la idea de hacer un canal por el territorio de Nicaragua, donde es sabido que existe un reservorio de aguas dulces y una vía fluvial con salida al Atlántico, quedando solamente por perforar una estrecha faja de tierra que borda al Pacífico.

Durante la presidencia en Centro América del General Morazán se proyectó la apertura de un canal con la base financiera de compañías europeas y bajo la protección entusiasta del Rey de Holanda, Su Majestad Guillermo I, pero esta combinación fracasó a causa de los sucesos políticos que segregaron a Bélgica de Holanda. Un poco más tarde el Ingeniero Inglés Mister Baily hizo estudios en la proyectada ruta y muy particularmente en el lago de Nicaragua y en el río San Juan.

A causa de las perturbaciones políticas y de los amagos internacionales en que se vió envuelta Nicaragua después de rota la Federación, su Gobierno se vió obligado a enviar una legación antes las Cortes de Inglaterra y Francia a cargo del Licenciado don Francisco Castellón.

            El señor Castellón aunque Fracasó ante la Corte de San James, logró mejor éxito en Francia donde fue recibido y pudo hacer la propagación de la idea del canal en la Prensa y en los círculos políticos. Uno de los hechos que a la sazón tuvo mayor resonancia europea, fue la visita que hiciera en el año de 1845 el Licenciado Castellón al Príncipe Luis Napoleón Bonaparte prisionero Político en el Castillo de Ham y quien más tarde se llamó Napoleón III. Con permiso del Gobierno de Luís Felipe de Orleáns fue a Ham el diplomático nicaragüense para conversar con Bonaparte, quien le reservó muy buena acogida, tanto por la simpática presencia como por sus maneras y la serenidad con que le trató diversas cuestiones.

Es asunto fundamental fue su proposición de colocarle a la cabeza de una vasta empresa que tuviese por objeto abrir el comercio del mundo el canal interoceánico por Nicaragua, cuyo éxito sería seguro una vez que su nombre apareciera como director supremo, pues tanto el mundo financiero como todos las demás colaboraciones juntarían el esfuerzo requerido para emprender y terminar la obra magna de cortar el Continente Americano y acortar la ruta comercial para el Oriente.

En una memorable carta que el Licenciado Castellón dirigió al príncipe Luis Napoleón[i] en la cual hace historia de conversaciones anteriores, puede decirse que está resumida la negociación que el diplomático nicaragüense propuso a Bonaparte, y en la cual mostraba la habilidad y el talento persuasivo del Representante de Nicaragua.

Como es bien sabido, el Príncipe Luis Napoleón logró escapar en 1846 del Castillo de Ham y se refugió en Inglaterra donde publicó un folleto muy interesante en que se refería al canal por Nicaragua y el cual llamó fuertemente la atención europea y especialmente del Gobierno inglés, cuyas disposiciones sobre nuestro territorio se hicieron sentir bien pronto, por lo agresivas.

El Proyecto Bonaparte para la canalización escogía la ruta del río San Juan, el lago de Nicaragua, el río Tipitapa, el lago de Managua y la parte del estrecho que termina en el puerto de El Realejo. Dicho canal se llamaría “Canal Napoleónico de Nicaragua” y su trazo fue levantado por famosos ingenieros y vulgarizado más tarde por el Ingeniero Thome de Gammond.

Esta obra gigantesca fue seriamente contemplada en aquel momento, pero su interés inicial fue desviado por los trabajos políticos que llevaron a Luis Napoleón, primero a la Presidencia de Francia y luego, al imperio.

En el entretanto el Ministro Castellón había firmado con la “Compañía belga de colonización” la cabeza de la cual figuraba el Conde Hompesh, un tratado relativo al mismo asunto el cual no fue aceptado por las Cámaras Legislativas de Nicaragua.

El Gobierno Americano, no veía con buenos ojos la injerencia de Compañías o Gobiernos europeos en la construcción del canal por Nicaragua, y muy pronto llegó a este País el Ministro George Squier que protegió y dio todo apoyo a una tentativa hecha por los financieros norteamericanos que encabezó Mr. Hise en la cual se reflejaba todo el interés despertado en EE.UU. por el oro, brotaba las entrañas de California.

Todos los proyectos de canalización en Nicaragua comprendían tres partes principales: la primera sobre el río San Juan a fin de adaptarlo técnicamente a la obra, la segunda, sería la fijación de la ruta por el Gran Lago, y la tercera la perforación del istmo comprendida entre dicho lago y la costa del pacífico.

El proyecto lanzado por el Príncipe Luis Napoleón y meditado entre los muros silenciosos del Castillo de Ham, tuvo como informantes al propio Licenciado Castellón y las publicaciones de los ingenieros Baily, Garella y Child; pero al correr del tiempo fue abandonado en la parte relativa al corte de tierra firme resultado más factible según la técnica moderna escoger como puerto de salida en el Pacífico al de Brito.

El canal por Nicaragua acorta considerablemente las distancias y hace una economía colosal en los transportes aun haciendo un examen comparativo con el ya efectuado de Panamá. Como defensa del Continente Americano los técnicos de la materia han declarado la necesidad imperiosa de su construcción siendo insuficiente la que proporciona la ruta ya construida en el Darién.

            La idea acariciada por Bonaparte está próxima a tener un principio de ejecución.




[i] Esta carta se encuentra en el folleto que publicara Luis Napoleón sobre el Canal por Nicaragua y que yo tradujera de una versión francesa, el original fue escrito en inglés, y que me  publicara el Boletín de Bibliografía  y Documentación del Banco Central.  Por ser pertinente la carta  al artículo de mi abuelo Dr. Hildebrando A. Castellón ya que la menciona, la copio la traducción  a continuación:


León de Nicaragua, 6 de diciembre de 1845

“Príncipe:

Con el mayor placer recibí la Carta de Vuestra Alteza, de fecha 12 de agosto, en que me expresáis los sentimientos de amistad y estima,  por los  que me siento muy honrado.  A lo anterior añadís vuestras ideas relativas al canal de Nicaragua, encaminadas de  la mejor manera para la prosperidad de Centro América.  Me anunciáis al mismo tiempo que estáis mucho más dispuesto a  viajar  a este país para avivar   con vuestra presencia y vuestro concurso la ejecución de esta magna  obra, que bastaría a la más noble ambición y que estáis presto a aceptar, sin otro designio que el de cumplir una tarea digna del gran  nombre que lleváis.  Antes de abordar esta materia  de tan  gran interés para mi patria, solicito a Vuestra Alteza el permiso de expresaros,  en retorno de las expresiones halagadoras  de  que os servís con respecto de mi poco mérito, que estos conceptos son  la mejor prueba de la magnanimidad y benevolencia de vuestro corazón.

Cuando estuve  en Francia, en calidad de Ministro Plenipotenciario, estaba deseoso, antes de dejar  Europa, de haceros una visita en  Ham.  Aspiraba al honor de veros, no solamente a causa de la popularidad que rodea vuestro nombre en el mundo, sino también   porque había podido juzgar por mí mismo, en vuestro país natal, del alta estima que se atribuye a vuestro carácter  y de la simpatía que inspiran vuestras desdichas.  

Admiré vuestra resignación y vuestro amor por esta Francia donde vivís prisionero; mas tuve una secreta satisfacción viendo vuestro espíritu exaltarse ante la evocación  del inmenso trabajo del cual mi país se preocupa, y que podría tan vivamente promover el progreso de la civilización.

Las disposiciones que vos me anunciasteis, y las notas adjuntas a vuestra carta, han excitado aquí el más vivo entusiasmo, con el cual se mezcla una profunda gratitud. 

Tengo la satisfacción de comunicar a Vuestra Alteza que mi gobierno, plenamente convencido de  que el verdadero medio de realizar el capital necesario para esta empresa es colocarla bajo el patrocinio de un nombre independiente, como el vuestro, por la fortuna y  la posición, y que atrayendo la confianza de dos mundos, aleja  de aquí  todo temor de dominación extranjera;  y que este gobierno,  observa, en Vuestra Alteza,  a  la única persona, que puede llenar estas diversas condiciones.  Educado en una República, Vuestra Alteza ha mostrado con  su noble conducta en Suiza en 1838, hasta donde un pueblo libre puede contar con vuestra abnegación, y nosotros estamos seguros de  que si vuestro tío, el gran Napoleón, se hizo inmortal por sus victorias, Vuestra Alteza puede adquirir entre nosotros una gloria igual por los trabajos de la paz,  que no hacen sino derramar lágrimas de reconocimiento.

Desde el día en que  poséis los pies sobre nuestra tierra, una nueva  era de prosperidad se iniciará  para sus habitantes.

Lo que pedimos a Vuestra Alteza que nos permita proponerle no es indigno de su alta consideración, ya que  antes de 1830, el Rey Guillermo de Holanda  había aceptado algo similar.  Si nosotros no le entregamos inmediatamente los poderes necesarios para las primeras negociaciones de estos inmensos trabajos, es debido a la ausencia actual de las cámaras legislativas, cuya intervención es necesaria para el examen de un tratado que firmé el año pasado con el conde de Hompesch, Presidente de la Compañía Belga de colonización.  Este tratado no habiendo sido tan  favorablemente acogido como yo lo había esperado, es probable que el gobierno sea autorizado a dirigirse a vos, pudiendo así satisfacer el clamor  nacional.   De la misma manera parece resuelto a enviarme cerca de vos con las instrucciones necesarias para  que tratemos ampliamente  esta cuestión.

Otra causa de retraso es la reciente conmoción popular en este país.  Pero como el número de descontentos es mínimo, y el gobierno tiene el apoyo de la opinión pública, pienso que esta revolución  está llegando  a su término, y que la próxima calma permitirá dar el más rápido impulso a nuestra magna empresa.

El gobierno está convencido de  que la construcción del canal,  al dar  trabajo a todos los brazos desocupados, será un nuevo medio de pacificación y de bienestar para este pueblo, desde hace tan  luengo tiempo cansado de los horrores de la guerra civil.

Tanto por la impaciencia de ver el inicio de una obra en la cual deseo emplear todas mis facultades, como por el deseo de ver a Vuestra Alteza arreglar los destinos de mi patria, aspiro al honor de  volveros a ver en Ham, aunque sólo fuere por pocas horas, conservando la esperanza de asistir a vuestra liberación, por la que no ceso de dirigir fervientes ruegos a Dios.

Hago propicia esta oportunidad para expresar a Vuestra Alteza etc.”

“FRANC. CASTELLON.”
  

miércoles, 15 de junio de 2016

DARÍO VISTO POR UN AMIGO POR HILDEBRANDO A. CASTELLON






Hacienda Saratoga, Catarina, a la orilla de la laguna de Apoyo,
Diciembre 7, de 1907,
De izquierda a derecha: Dr. Hildebrando A. Castellón, Rubén Darío y Alejandro Bermúdez


DARÍO VISTO POR UN AMIGO1


PERTENECE a la clase de desequilibrados superiores estudiados por Toulouse. Su obra literaria es una gigantesca FANFARE en que las voces graves rudas del helicón, se aparean a las melodiosas armonías de la flauta y las sibilantes entonaciones del oboe.

Darío es un aclimatado de la tierra de Hugo y Daudet, de Peladam y Verlaine.

Cazador infatigable de lo bello en lo ideal, nuestro poeta revela culminantes rasgos de un pueblo, de una raza, de una latitud.

Organismo superior, temperamento especial, es más un creador que un transformador de ese ideal de belleza  que hoy se muestra al mundo intelectual para ser admirado y mal imitado.

La  obra de Darío no está destinada a crear prosélitos o admiradores en las clases populares, porque él es el hombre de los cenáculos y sus jueces deben ser iniciados en el arte y rubricados en la aristocracia de las letras.

Representante genuino del dandismo literario, es el artista de las finas pinceladas, de los ricos y delicados coloridos y de las variantes más caprichosas.  La música de un Gounod o de un Cimarosa, como los cuadros del Correggio o las acuarelas de un Watteau, deben sumergirle en exquisita réverie.

Su producción literaria ha pasado en revista el vasto escalafón de la poesía castellana.  Todos los métodos y todas las escuelas modernas y aun antiguas denuncian su filiación en el maremágnum de esa erupción continua que forma su bagaje intelectual.

Su vida es una agitación perpetua con oscilaciones impulsivas que denuncian la perseverancia, y medrosos desfallecimientos que exhiben su timidez.  Es una novela de interesante drama.

Su naturaleza pasional, su carácter de indecisión y apocamiento moral, han creado alrededor de su vida una como atmósfera donde la tristeza, el dolor, las decepciones, las esperanzas desvanecidas, las emboscadas de la traición, la intranquilidad, la incertidumbre, formen el casco de ese globo dirigible que lleva por timonel la ilusión que es la rosada esperanza de algo mejor.

El secreto de sus triunfos literarios está más en la exageración de sus concepciones y en la música sui géneris de sus palabras, que en la trascendencia de sus ideas o la tenacidad de una lucha intensa por un ideal de belleza.  La biografía analítica de Rubén Darío sería su muerte, su condenación. Su obra hay que contemplarla de lejos como las Madonas de Rafael o la Gioconda de Vinci: su proximidad las desfigura.

Hay gentes que prefieren la literatura de las ideas a la literatura de las imágenes o de las palabras floridas; para esas no hará historia Rubén Darío; pero todos encontrarán en sus escritos, sensaciones vivas, observaciones picantes, emociones sinceras, que estoy seguro aceptarán con beneplácito para figurar en el interesante capítulo destinado al estudio intimo del espíritu y corazón humanos.

La filosofía del laureado bardo, es como su literatura: ningún sistema, ni escuela le monopoliza.  A veces se le observa lleno del más acabado misticismo cristiano, salmodiando con piadosa devoción la enseñanza bíblica, ora entona cantos panteísta ora aparece como escéptico o incrédulo.

Darío, cuando habla nos hace a veces el efecto de un viejo sibarita o mejor, de un venerable cura de aldea, apegado a las costumbres clásicas, con la untuosidad y BONHOMIE de la tradición, que exige se hable con voz baja, pausada, a veces entrecortada, sembrando de adjetivos y cuentos la conversación, y recordando así aquellas figuras de Balzac.  A veces parece distraído, y sucede con frecuencia, con gran sorpresa de sus íntimos, que pierde la memoria de los hechos que no han herido su cerebro o sacudido violentamente sus nervios.

Socialmente es un tímido. No pertenece a esos hombres de relumbrón de espíritu atrevido que hacen su fuerte de lo imprevisto, dilettantes de salón, caballeros de la pulcra forma, que exhibe en sociedad su desembarazo y habilidades como saltimbanquis en un circo.  Modesto, pero amanerado, revela sobre su semblante los reflejos de una nostalgia indecible.

Como ciertos espíritus cultivados y nacidos en el vaivén de la vida mundana; Darío es un “gourmet”.  Su paladar amaestrado distingue con singularidad los refinamientos del arte culinario y sus capacidades técnicas para el arreglo de un menú son proverbiales entre sus amistades.

Posee Darío, no solamente hábitos de refinamientos que se reclaman del Occidente y del Oriente, sino que como Bolívar, que vaciaba en pocas semanas más de treinta mil duros en las capitales de Europa, nuestro poeta suele a veces ser más que un generoso, un pródigo y la leyenda cuenta que una DEMI MONDAINE, cuyo nombre de guerra fue cantado por Víctor Hugo, Marion Delorme, le hizo disipar en ocho días, muchos millares de francos.

Rubén es el incomparable rizador de pensamientos, que ha sido aclamado por las huestes intelectuales de América, príncipe de la poesía castellana; la crítica, con escalpelo erizado y el tiempo con su noche de olvido, dirán mañana si esta exaltación fue usurpada, o si merece consagrarla, reservándole un palco de honor en la historia literaria de los siglos XIX y XX


Fígaro

DR. HILDEBRANDO A. CASTELLÓN
Guatemala 1915
(Graduado en París- La Sorbona- 1900)

_____
[1] El Dr. Hildebrando A. Castellón era el Vicepresidente del Comité de Recepción a Rubén Darío, de la Capital, Managua.  Y en ese carácter le tocó subir al vapor San José, en el puerto de Corinto,  por la mañana del 24 de noviembre de 1907 para darle la bienvenida a Nicaragua al gran Vate.  La anécdota es contada por el profesor Edelberto Torres, en su libro: La dramática vida de Rubén Darío, editorial Nueva Nicaragua, 1972, página 286, que a la letra dice: y cito: «Como encargado de la bienvenida, el Dr. Castellón se adelanta, abraza a Darío y le dice: «Querido poeta venimos en representación de la intelectualidad nicaragüense, a daros la bienvenida en el momento dichoso para vuestra patria en que volvéis a ella coronado de laureles.  Nicaragua se ha puesto de plácemes desde que se anunció vuestra llegada, porque sabe lo que sois para ella: Su hijo más ilustre, y que si le debéis la existencia, os debe vuestra gloria que es su blasón más preclaro».  Fin de cita.                  


martes, 14 de junio de 2016

HOMBRES PUBLICOS DE ACTUALIDAD RASGOS BIOGRÁFICOS DEL DR. HILDEBRANDO A. CASTELLÓN




Dr. Hildebrando A. Castellón
más o menos de la edad que tenía
cuando fue redactado el escrito de esta página 





HOMBRES PUBLICOS DE ACTUALIDAD
RASGOS BIOGRÁFICOS DEL
DR. HILDEBRANDO A. CASTELLÓN[i]



   En la actualidad, la fracción liberal de oriente ha encontrado sus miradas en la personalidad del Dr. Hildebrando A. Castellón, reputado político, experto, de principios radicales, afiliado al Partido Liberal.

   Nació en la población de Masatepe, de donde es oriunda su señora madre; habiendo sido  su padre, el Dr. Don Benito Castellón, nativo de la ciudad de León.

   EL Dr. H. A. Castellón adquirió su titulo de bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Nacional de Granada; después de lo cual, trasládose a Francia a estudiar leyes; adoptando después, la carrera de Medicina,  ingresando en la Facultad de Medicina de París; que después de algunos años, le otorgó su titulo de Médico y Cirujano, con medalla de honor.

   De regreso a Nicaragua, se radicó en esta Capital, adquiriendo buena clientela; prestando sus servicios profesionales a la familia del entonces Presidente de Nicaragua, Don José Santos Zelaya de quien era amigo y correligionario político. Después, salió electo popularmente Diputado al Congreso Nacional, por el Departamento de Managua.

   Su matrimonio con una hija del historiador nicaragüense Don José D. Gámez le dio mayor fuerza en la política. Acompañó al Sr. Gámez en una misión diplomática al puerto de Amapala y al lado de éste adquirió Castellón gran experiencia en la política nacional, que le ha sido de gran provecho en el transcurso de su vida.

   Concluido el régimen de Zelaya, emigró con su familia a El Salvador. Imperaba en el mando de aquella República el Presidente Araujo, quien les acogió con toda benevolencia incorporándole como médico en la Universidad salvadoreña. Muerto Araujo, se trasladaron Gámez y Castellón a Guatemala, donde el Presidente Estrada Cabrera les brindó generosa hospitalidad.

   Castellón regresó a Nicaragua en las postrimerías de la Administración del Presidente Don Adolfo Díaz, cuando la intervención norteamericana ofreció garantías a los liberales. Halló sus propiedades arruinadas; y fue luego perseguido por los Conservadores en el poder.

   Se puso al frente de la candidatura del Dr. Don Julián Irías,
haciendo una intensa propaganda en el pueblo liberal nicaragüense,
auxiliado del inolvidable ciudadano don Tomas A. Vargas, abnegado soldado de la causa del liberalismo. Castellón desempeñaba entonces la Secretaría de la Gran Convención Liberal, y desde aquella fecha ha influido en las resoluciones políticas de su partido, al cual ha dedicado las mejores energías de su vida.

   Fue partidario y trabajó por la candidatura de Don José Esteban
Gonzáles; e influyó en la escogencia del Dr. Juan B. Sacasa para llevar la representación del Partido Liberal en Misión Diplomática enviada a Washington por parte de la “Coalición” de los partidos políticos.

   Castellón fundó y redacto el diario “La República” de propaganda liberal, a costa de grandes sacrificios pecuniarios.

   Como Secretario de la Junta Directiva Liberal, influyó en el convenio político de Transacción; habiendo antes sido jefe de la Propaganda del Dr. Don Juan B. fSacasa, candidato a la Presidencia
de la República.  En el gobierno del Presidente Solórzano salió electo popularmente Diputado al Congreso Nacional por el Departamento de Rivas donde sus prestigios le hicieron triunfar con lujosa mayoría

   Cuando los acontecimientos de El Lomazo, fue capturado en un baile celebrado en los salones del Hotel Internacional, en unión de los Señores Dr. Albino Román y Reyes, Senador General Don José María Moncada y otros, por Gabry Rivas y una escolta numerosa enviada por el General Alfredo Rivas, los cuales le condujeron al Fuerte de la Loma de Tiscapa, donde estuvieron recluidos.

   Trascurridos los acontecimientos escandalosos del  lomazo desgraciado que ejecutó el General Chamorro para botar al gobierno del Presidente Solórzano, la persecución conservadora se volvió general contra todos los liberales quienes huyeron del País a las vecinas Repúblicas de Centro América.

   Castellón permaneció oculto, para librarse de la persecución que le hacían los conservadores, pero habiendo salido con la garantía americana para reunir la Directiva Liberal y concurrir  a las Conferencias del Denver logró después escapar a El  Salvador y en seguida paso a Guatemala. Se embarcó en Puerto Barrios, rumbo a puerto Cabezas, donde contribuyó a organizar el gobierno constitucional del Presidente Sacasa. De allí marchó al teatro de la guerra, uniéndose al General en Jefe del Ejército Constitucionalista, José María Moncada, amigo y correligionario del Dr. Castellón, a quien le prestó sus servicios profesionales y desempeñó el cargo de cirujano Mayor del Ejército Liberal. Más adelante, en la travesía se incorporaron varios cirujanos, y entonces Castellón siempre como Presidente de la Cruz Roja del Ejercito Liberal Constitucionalista pudo dedicar a la causa otras activades. Marchaba con el bisturí en la mano o con el rifle al hombro, en aquellas tremendas jornadas que les impuso el patriotismo. En ocasiones peleaba como soldado raso como le aconteció en Cumaica; o velando por la vida de sus compañeros. Acompañando siempre al Gral. Moncada llegó a Tipitapa, donde se verificaron las conferencias con Stimson; estuvo en Managua en ese entonces y regresó luego a Boaco con el Jefe constitucionalista.

   Desesperado por regresar al lado de la familia retornó a la Capital ennegrecido por el sol inclemente de los llanos, enflaquecido por las duras privaciones de la campaña donde el cabello se le puso descolorido.

   En Managua se dedicó en cuerpo y alma al triunfo de la candidatura del General Moncada habiendo triunfado la nominación de éste, para Presidente de Nicaragua.

   Castellón luchó su candidatura a la senaduría de la República en  las elecciones populares verificada en aquellos días, habiendo salido avante su nominación por parte del departamento de Managua.

   El gobierno de Moncada lo designó Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua ante el Gobierno de Francia, nación donde permaneció por algún tiempo en el desempeño de su Misión Diplomática.

A su regreso  a Nicaragua, volvió  a ocupar su puesto en el Congreso Nacional, actuando hoy día como Presidente de la Cámara del Senado.

Se espera la resolución definitiva de la propuesta de que llevó la Misión Política nicaragüense del Presidente Moncada, a Washington, para resolver el problema electoral del Partido Liberal. Si se efectúan las elecciones, Castellón cuenta con  las mayores probabilidades de triunfar por su carácter enérgico, su talento político, sus antecedentes  de liberal incorruptible y su ilustración científica y literaria. Ha escrito un libro inédito de Historia de Nicaragua o sea la continuación de la obra del historiador Gámez, inconclusa por su muerte inesperada. Además es autor de una obra de Geografía de Nicaragua que sirve de texto a los alumnos de los colegios de Nicaragua.

  
  




[i] Artículo de autor y fecha desconocida.  Sin embargo, se puede deducir que es de antes de 1932, ya que  del último párrafo da a entender que era candidato a la Presidencia por el partido Liberal, y él renunció a esa candidatura para favorecer la unidad del partido y apoyó a Leonardo Arguello, y con este como candidato a la presidencia, él se presentó como su candidato a la vicepresidencia.  Sin embargo, ambos decidieron renunciar a fin de que el partido Liberal presentara un solo candidato: Juan Bautista Sacasa y su candidato a vicepresidente, Rodolfo Espinosa.  

lunes, 13 de junio de 2016

UN LIBERAL AL FRENTE








Dr. Hildebrando A. Castellón 1930

UN LIBERAL AL FRENTE[i]

  En estos días de vacilación y de inquietud en se juega la suerte del Partido Liberal me ha parecido conveniente que se conozcan los valores del liberalismo, ya que por razón de distancias de edad o falta de publicidad muchos de nuestros amigos ignoran o desconocen la carrera política de nuestros hombres representativos.

   Entre los han tenido mucha prensa y menos reclamo, pero no menos meritos positivos, esta el DR. HILDEBRANDO A. CASTELLÓN, un verdadero veterano del Partido Liberal que ha tomado parte activa en todas sus luchas y vicisitudes desde 1893 sin abandonar las filas.

   Es alentador poder hablar de un hombre que lleva cerca de 40 años de un brazo continuo y cuyas ideas templadas en la fragua del pensamiento investigador se ha exteriorizado en la prensa, en la tribuna y en los libros con caracteres firmes, traduciéndose a veces en hechos tangibles.

   Casi niño, lanzado por el entusiasmo que los inspiraran las ideas liberales del 93, empuño el rifle para ayudar a la implementación de los nuevos derroteros y vio coronadas sus aspiraciones con la reforma de aquel año inmemorable.

   Después, corrió a las aulas extranjeras a forjar su acero y obtuvo en la Universidad de Paris un diploma prestigiado que le permitió regresar a la patria preparado para las lides de la vida.

   Desde el puesto representante en la Cámara Legislativa asistió al derrumbe del Liberalismo en 1910 sin que su voz de prevención fuese escuchada, pero cuando los jefes dispersos y el animo liberal medroso parecían esquivar la lucha, el Dr., Castellón no tuvo vacilaciones y con varios amigos encabezo la manifestación de fuerza del 4 de noviembre de aquel año en que 5000 liberales se enfrentaron al poder conservador.

  Esa actitud decidida bastó para que el conservatismo, dueño del gobierno, le señalara como agitador y tras la muerte decretada a su periódico “La Linterna” vino luego, el 13 de febrero de 1911, la penitenciaria, las cadenas, y el destierro con el cúmulo de sacrificios.

   Tras largos seis años de ostracismo en que siempre defendió al Liberalismo y honro a su Patria, volvió en 1916 a ponerse al frente del movimiento candidatural del Dr. Irías.

   Durante la emergencia de 1912 cuando sonó en Nicaragua el grito de insurrección, no se cruzo de brazos el Dr. Castellón y haciendo velas en un miserable bongo, llego al patrio suelo y se incorporo en León al movimiento reivindicador, donde su contingente fue desgraciadamente estéril por razón de las circunstancias.

   En 1919, siendo miembro del Consejo Ejecutivo se puso al frente del periódico oficial  “La Republica” donde hizo una valiente campaña de propaganda liberal.

   Más tarde, en 1920, prestó a la candidatura liberal de don José E. González todas sus actividades y energías.

  Por ultimo en 1924, como Secretario de la Junta Directiva, después de entronizar el Gobierno Solórzano-Sacasa, obra del Partido Liberal y nacida merced a los pactos de TRANSACCIÓN, llevo en horas trágicas la defensa del Partido ante el pueblo, ante las Cámaras, ante la Corte Suprema y ante la Cancillería de los países amigos, muchos de ellos partidarios de  los pactos de 1923.


[i] De autor y fechas desconocidos, pero posterior a 1924, ya que esta data se menciona en el escrito.